January 21, 2007

La ética del hacker (por aPoLiOn)

por Pablo Casado (aPoLiOn), traducción de Josep Ruano


Marc Alier me ha animado a colgar un comentario sobe un libro que leí hace unos meses en el contexto de la asignatura de Aspectos Sociales y Ambientales de la Informática (ES_ES, ES_CA).


Título: La ética del hacker

Autor: Pekka Himanen

Año de edición: 2002

Editorial: Destino

(N. del T.: puede descargarse gratuitamente de http://www.geocities.com/pekkahacker/)


Escogí este libro por recomendación de Miquel Barceló y me volvió a pasar lo mismo que con el primero de los libros que leí. Parece ser que, en el ámbito del ensayo informático, los títulos engañan.


Bajo el título de “La ética hacker” Pekka Himanen, un niño prodigio finlandés de pelo largo, gafas y barba, que obtuvo su título de doctor en Filosofía a los 20 años, nos presenta un ensayo que repasa una parte esencial del comportamiento de los hackers. Si bien es cierto que, por el título del libro, esperaba una parte más importante sobre ética entendida como DO’s and DON’Ts del hacker, ha resultado que el eje central de la obra es una comparativa crítica entre la época protestante del dinero i la ética hacker del trabajo. (N. del T.: lo cual nos viene muy bien para seguir en la línea de los anteriores artículosdel blog)


Para empezar es necesario introducir la ética protestante. Este es un concepto desarrollado por el filósofo, político y sociólogo alemán Max Weber (1964 – 1920) en su obra Die protestantische Ethik und der ‘Geist’ des Kapitalismus (publicado como una serie de ensayos entre 1904 y 1905, i recopilado como obra en 1906). Weber postula en su obra que el trabajo y el dinero don los dos aspectos más importantes de la vida de una persona. De alguna manera, Weber recoge la trayectoria filosófica de las órdenes benedictinas y de su “ora et labora” y transforma el trabajo en el centro de la sociedad de la época. Las ideas de Weber fueron llevadas más lejos por el predicador protestante Richard Baxter (1615 – 1691) unos siglos antes. Según Baxter el trabajo debe ser una voación i, por lo tanto, “debe ser considerado un fin en sí mismo, cada cual lo debe realizar lo mejor posible y debe ser considerado como un deber, ya que debe ser desarrollado”. La expresión anterior de Baxter parece ser una forma incipiente de la formulación que Adam Smith hizo de la “mano invisible” en su obra An Inquirí into the Nature and Causes of the Wealth of Nations (1776), según la cual si cada individuo busca su propio beneficio se consigue el equilibrio del mercado.

Estas ideas están claramente vinculadas a las de Karl Marx, puesto que éste afirma que el trabajo dignifica a la persona, ya que le aporta valor como parte constituyente de la sociedad a la que pertenece. Ambos autores hacen referencia al trabajo como parte sustancial de la vida de la persona. De hecho, si Marx busca la felicidad del individuo en base a su reconocimiento como persona que aporta alguna cosa a la sociedad, Weber se deshace de esta búsqueda para acabar afirmando que el trabajo es una obligación per se de la persona. La principal diferencia radicaría en la perspectiva opuesta que tienen ambos autores. Para Weber, el capitalismo es una forma válida de sociedad, para Marx, el capitalismo era “el fantasma que recorría Europa”.


Himanen encuentra en la mitología clásica griega una metáfora que nos pone en situación: Sísif, el humano condenado Tártaro a empujar para toda la eternidad una enorme roca hasta la cima de un monte donde, necesariamente, volvería a caer, se ha convertido en un héroe. Ahora, el peor de los castigos mitológicos es una bendición. Trabajar durante toda la vida debe ser el hecho que distinga a una persona como parte de la sociedad, ya que desarrolla el imprescindible trabajo de empujar piedras hasta la cima de un monte. O empujar piedras debe ser la vocación de una persona, de forma que debe hacerlo poniendo la máxima cura en aquello que hace. Dante Alighieri (1265 – 1321), en su obra La Divina Comedia, considerada por muchos como la apoteosis de la visión del mundo protestante, presenta una revisión del mito de Sísif en la que los pecadores que han dedicado su vida al dinero (tanto los malgastadores como los miserables) son condenados a empujar grandes rocas alrededor de un círculo eterno.


¿Pero y si el trabajo no fuera un castigo? ¿Y si hubiera un colectivo que realmente disfrutara con lo que hace y se confieran en maestros? Todos conocemos a alguien (si no somos nosotros mismos) que “disfruta con problemas que harían callar a Einstein y rascarse la cabeza a Dios”[1]. Quizás, para estas personas, su concepto de ética del trabajo no se corresponda exactamente con los que se han planteado anteriormente. A estas personas se las llama hackers y tienen una ética propia que describiremos a continuación.


Deberíamos empezar definiendo quién es un hacker. Habitualmente este término se usa con connotaciones peyorativas, o se confunde con cracker, que tiene un significado más cercano al que entendemos habitualmente por “pirata informático”. Otras veces se usa como sinónimo de geek o de nerd, pero tampoco es correcto, puesto que geek está mucho más vinculado con la tecnología y nerd tendría un significado más similar a “empollón”.


Una primera aproximación a su significado la hizo Burrel Smith, creador del ordenador Macintosh de Apple, diciendo que “Se puede ser casi todo y ser un hacker. Se puede ser un carpintero hacker. No es necesario disponer de alta tecnología, pienso que tiene que ver con la artesanía y con el hecho de dar importancia a lo que se hace” [2]. En esta definición se hace hincapié en el proceso por el cual se llega a obtener un resultado, independientemente de en que ámbito se enmarque. Dentro del contexto de la informática, quizás la definición más acurada es la que aparece en el prólogo del libro, escrito por Linus Torvalds:


Un hacker es una persona que ha dejado de usar su ordenador para sobrevivir y ha pasado a los dos estados siguientes [3]. Él […] usa el ordenador para sus vínculos sociales […]. Pero para un hacker un ordenador es también un entretenimiento. No me refiero a los juegos, ni tampoco a las bellas imágenes que circulan por la Red. El ordenador mismo es entretenimiento.


Esta es la relación que se establece entre la ética protestante y lo que el autor llama ética hacker del trabajo. Los hackers dejan de lado la ética protestante y su concepción del trabajo como la de una cosa pesada y dura que hay que realizar [4]. Para los hackers, los ordenadores no son un trabajo, sino una pasión, y su vida gira entorno a ellos. Trabajan con ordenadores (como programadores, por ejemplo), interaccionan con otras personas mediante las redes de comunicación de las que los ordenadores son los nodos terminales y su ocio está ligado también a los ordenadores en forma principal de videojuegos.


Estos hackers salen de la concepción tradicional de trabajadores y de horarios laborables. Planteemos por un momento cualquier problema no trivial que pueda aparecer en el desarrollo de un proyecto: el uso de una nueva tecnología nos servirá a nuestros propósitos. Para un hacker no es necesario un curso de formación o de adaptación a esta tecnología. Solo le será necesario un manual de referencia o una guía de usuario. Los hackers tienen una gran capacidad para aprender en base a conocimientos que ya tienen y no se guían por los esquemas tradicionales del aprendizaje reglado. Es por eso que muchos de los hackers más importantes, conocidos en todo el mundo, no han acabado sus estudios superiores. Encuentran que la formación tradicional es aburrida y que no les aporta suficientes conocimientos.


Esta sensación tiene su raíz en una alta capacidad de autoaprendizaje y en un sentimiento de autosuficiencia muy extendido. Pero la autosuficiencia no es gratuita. Realmente el hacker adquiere un conocimiento de la materia muy elevado y que, en algunos casos, le convierte en un experto en la materia en pocos meses. Estos fenómenos se producen en base a dos características del comportamiento de los hackers que paso a describir.


En primer lugar, encontramos una altísima capacidad de organización desorganizada del tiempo. Para un hacker no hay horarios, como ya he dicho en un parágrafo anterior. De hecho, la imposición de un horario laboral representa “cortar las alas” a un hacker. Todos conocemos la sensación de impotencia que se produce cuando nos encontramos con un problema que no sabemos resolver. Ante esta sensación, el hacker puede reaccionar de dos maneras distintas. Una es seguir trabajando en el problema hasta que encuentre la solución, pero esta alternativa deriva comúnmente en la segunda. La segunda es dejar de trabajar en el problema y desarrollar alguna actividad propia del ocio hacker. Esta desvinculación de los horarios establecidos aparece a lo largo de la historia en distintas presentaciones. Emmanuel le Roy Ladurie (nacido el año 1929) presenta en su libro “Montaillou, village occitan: Cathars et Catholiques à un village français 1294 – 1324”, un comportamiento similar en los habitantes de esta población francesa. En esta obra aparecen citas como “Al escuchar estas palabras […] dejé mi trabajo y me fui a casa de Guillemette Maury” o “Pierre Maury me dijo que me vinieran a buscar al taller dónde hacía zapatos”. De la misma manera que los hackers, los habitantes de Montaillou organizaban su vida no entorno a su trabajo, si no entorno a la comunidad y a aquello que los hacía sentir bien.


Debido al comportamiento del cerebro humano, el hacker, aun cuando está jugando a algún videojuego o tocando su instrumento musical favorito, sigue trabajando “en segundo plano” en el problema y encuentra la solución en el momento más insospechado. En este momento, sea lo sea lo que esté haciendo, siente la necesidad urgente de dejarlo y volver al ordenador (o, en su caso, guardar la partida y cerrar el juego) y ponerse a desarrollarse la solución del problema. En cualquier caso, tanto el desarrollo de la solución como la actividad de ocio que esté haciendo se pueden dar en cualquier lugar y en cualquier momento. Me pongo a mi como ejemplo, salvando las distancias con los grandes hackers de la historia: en este preciso momento estoy sentado en un tren de cercanías haciendo el trayecto entre Vilanova i la Geltrú y Viladecans, estoy escribiendo este texto y, al mismo tiempo, escuchando un DVD musical de importación que compré ayer (con las correspondientes caras raras de la gente que me rodea). Las tareas son perfectamente combinables.


Eso nos lleva a hablar de dos conceptos que Himanen llama “dominicalización del viernes” y “viernesización del domingo”. Según el autor, en el mundo globalizado en que vivimos, donde las empresas han optimizado la gestión del tiempo y de los recursos hasta casi el límite para convertirse en aquello que Manuel Castells llama “Empresa Red”, las tareas propias de viernes y de domingo se han intercambiado. En este momento, el viernes pasa a ser el día de descanso, puesto que en muchas empresas solo se trabaja media jornada. Por el contrario, el domingo ha pasado a ser un día en el que hay que hacer muchas cosas (y por lo tanto, hacerlas bien). Poniendo el mismo ejemplo del libro, la gente no juega al tenis, si no que “trabaja su revés”. Este cambio de roles, según Himanen está muy relacionado con el ritmo de vida y la (baja) cantidad de horas que se pueden dedicar a la familia. De esta manera, las familias han dejado de seguir el modelo de organización tradicional para convertirse en consumidoras de una de las imágenes de familia que están disponibles en el mercado y, por lo tanto, se prefiere pasar “tiempo de calidad” (ir a parques de atracciones, al cine,…), ya que no se puede pasar tanto tiempo como se desearía con la pareja y los hijos.


Pero no únicamente el cambio en el horario es propio de la ética hacker que presenta Himanen. Hay un cambio que quizás es más importante y que se confronta con la ética protestante del trabajo: hacer las cosas porqué resultan intelectualmente atractivas [6] y no por obligación o para obtener reconocimiento público. Es necesario discutir un momento sobre la segunda parte de esta afirmación: un hacker puede buscar reconocimiento público, pero siempre dentro de su grupo. El reconocimiento del grueso de la población no le sirve de nada, no es estimulante. Pero su reconocimiento como miembro de la elite [7] por parte de otros hackers sí que puede ser parte de la compensación por el trabajo realizado. Este reconocimiento es una parte de la recompensa, pero no toda la recompensa, puesto que la parte más grande de la misma es haber conseguido la solución del problema, y no los réditos obtenidos de ello. Podemos extraer la conclusión de que el hacker, como todo ser humano que no practique la misantropía [8], tiene la necesidad de pertenecer a un colectivo y de sentir que forma parte de un colectivo.


Si el sentimiento de pertenencia a un colectivo no existe o si el colectivo al que pertenecía el hacker ha dejado de servir a sus intereses, ideales o ideas del hacker, éste dejará de pertenecer al grupo. Los ejemplos más claros aparecen en grandes empresas creadas por nerds y hackers en los años 70 y 80, como pueden ser Apple, Sun Microsystems o Cisco. Cuando sus fundadores dejaban de encontrar interesante aquello que se hacía dentro de sus empresas, dejaban de pertenecer a ellas, sin preocuparse de que harían a continuación. La libertad en la investigación y en la creación son dos de los aspectos recurrentes en el comportamiento de los hackers.


La ética del hacker no hubiera sido posible sin el desarrollo del informacionalismo: un nuevo paradigma tecnológico que tiene que ver con la tecnología, no con la organización social. El informacionalismo es lo que proporciona la base para aquello que Manuel Castells (nacido en 1942) llama “Sociedad Red”. Pero el informacionalismo no afecta solo a los hackers, aunque son los principales implicados. El informacionalismo comporta una nueva manera de entender el valor de la información, de la manera en que las huellas digitales [9] que vamos dejando cuando trabajamos con la informática proporciona información a terceras personas que pueden modificar la respuesta que recibimos de la sociedad red. Un ejemplo que ilustra estas huellas y su uso es que si una persona mandase un correo electrónico con el asunto “los gatos dan asco”, nunca más vería publicidad sobre comida para gatos en su televisión.

Pero el hacker evoluciona el informacionalismo y lo convierte en parte de su ética. Aunque la importancia real del informacionalismo es el notable incremento de la capacidad de proceso de información en comparación con la que el ser humano tenía antes de la existencia de la informática [10], puesto que son los hackers quiénes han diseñado las bases para el desarrollo de la tecnología en que se basa la sociedad red, pueden usar ésta para proporcionar servicios a personas que viven situaciones de conflicto y que no se pueden expresar libremente. En el libro se ponen dos ejemplos muy evidentes de este comportamiento activista, situados en Kosovo en el año 1999 i en la China en la actualidad. En Kosovo, cuando el criminal de guerra Slovodan Milosevic empezó el exterminio de la población albanesa, la Electronic Frontier Foundation permitió que los albaneses publicaran lo que estaba pasando en sus ciudades mediante su servidor anonymizer.com. De esta forma, occidente supo lo que pasaba en Kosovo, puesto que las informaciones de los medios de información estaban censuradas por los seguidores de Milosevic. Aunque Internet tiene un papel discutible en la evolución de la guerra de Kosovo, sí que es un hecho digno de mención como experimento de libertad de expresión. Actualmente, los ciudadanos chinos que no quieren estar sujetos a la censura impuesta por el régimen comunista pueden utilizar un servicio similar.


Parece pues que la libertad de horarios y el activismo son primordiales dentro de la ética hacker. Himanen da a estos dos y a otros cinco el papel de valores dentro de la ética hacker. La lista es la siguiente:

· Pasión: poner todo el esfuerzo en todo lo que se hace

· Libertad de horarios y de trabajo. Un hacker no puede trabajar en un lugar donde no le dejen hacer lo que quiera

· Valor social

· Accesibilidad

· Activismo [11]

· Preocupación responsable: cuatro conceptos que hacen referencia al uso que los hackers creen que debería tener la Red

· Creatividad: quizás el valor más tenido en cuenta por parte de los hackers, puesto que para un hacker lo importante es crear, ser original y mejorar lo que existe


Me gustaría hacer una última reflexión sobre el valor de la creatividad. Tanto en el otro libro que leí (Neal Stephenson – in the begining there was the command line) como en este se hace referencia a la forma de entender a Dios. En ambas obras se dedican unas páginas a la creación del universo y a como un Dios hacker lo habría creado (usando la línea de comandos, obviamente), y en ambos casos se nota una elevada identificación con la figura del Dios Creador. Posiblemente esta identificación debería ser estudiada, ya que puede estar ofreciendo pistas sobre otro comportamiento hacker: la megalomanía y la conducta histriónica.



[1] Extraído de la definición de techies, “Riesgo Calculado” de Katherine Neville

[2] Extraído de Levy, “Hackers”

[3] Los “dos estados” siguientes hacen referencia a la llamada Ley de Linus. Según esta “ley” existen tres estados en que se puede encontrar una persona: supervivencia, vida social y entretenimiento, y no se puede pasar a la siguiente si no se tienen las necesidades de la anterior cubiertas. Seguramente, Linus Torvalds es un gran hacker de la informática, pero tiene pocos conocimientos de sociología, puesto que ha establecido como ley propia lo se conoce habitualmente como pirámide de Maslow, presentada en las obras “Motivation and Personality” (1954) y “Toward a Psycology of Being” (1962) de Abraham Maslow (1908 – 1970)


[4] Nótese la relación entre este concepto de trabajo de la ética protestante y el término robot, proveniente de la palabra checa robota, la traducción de la cual es “trabajo forzado” o “esclavitud” y que se usaba para nombrar los llamados “trabajadores alquilados” que vivieron en el Imperio Austrohúngaro hasta el 1848. Este término fue introducido en la literatura por primera vez por el escritor checo Karen Capek en su obra “R.U.R.” (Rossum’s Universal Robots) en el año 1920.


[6] Aunque el razonamiento en Europa es tradicionalmente jungiano y no freudiano, considero que no es demasiado arriesgado proponer que se podría establecer algún tipo de relación entre la atracción propia de encontrar una solución a un problema y algún tipo de placer sexual.


[7] El jargon file, una especie de diccionario hacker de Internet, hace referencia a esta elite con el número 37337: el 3 hace las funciones de E y los 7 tienen una traducción dual por L y T, de manera que resulta ELEET, que se pronuncia de manera similar que el término inglés “elite”


[8] Incluso los misántropos quieren formar parte de un colectivo. Se recomienda, aquí, la lectura de la obra “Le misantrope”, de Jean-Baptiste Poquelin, Molière.


[9] Entender aquí el término “huella digital” en el sentido individual de los términos “huella” (como rastro) y “digital” en relación a la informática, no a los dedos


[10] El llamado “factor multiplicador”


[11] El término que aparece en el libro es “actividad”, pero considero más apropiado el uso del término “activismo”, que hace referencia a la lucha política


[12] El Demiurgo de la mitología griega


6 comentarios:

Germán said...

Muy buen el post, Josep.

Trabajo en el sector de IT, y me interesó sobre todo la parte donde hablás del horario en los hackers.
Personalmente tengo algunas de las "características hacker" que comentás, y mi reacción frente a un problema muy difícil es en primer lugar dedicarle todo mi esfuerzo, por no mas de 2 horas. Si esto no resulta, he comprobado 100 veces que lo mejor es dejar todo, y la "inspiración" me visita en el momento menos pensado, y cuando no estoy pensando en el problema, sino haciendo cualquier otra cosa.

salu2

Germán


marto said...

Buenas Josep,

excelente artículo, lástima que el código penal español no piense lo mismo...

Por cierto, hoy he leído un artículo en el país sobre google que creo que enlaza muy bien tanto com este artículo como con el anterior sobre captar el talento


Josep Ruano said...

Marto,

el código penal, cuando habla de hacker, creo que cae en la tan frecuente confusión entre hacker y cracker. Realmente quién accede ilícitamente a un sistema, "rompe" o salta mecanismos de seguridad, etc. no es un hacker, sino un cracker.

Tal y como se dice en el jargon o en el libro de Pekka Himanen, pueden haber carpinteros hacker. Hacker es una cuestión de mentalidad, de forma de ser y de pensar, no la consecuencia de unos actos.

saludos


marto said...

jeeje, sí Josep, lo decía en plan irónico, lamentándome del error en el código penal.

Pero de hecho, fuera del geto técnico, la gente asocia con hacker el significado de cracker, y mucho me temo que al final van a significar lo mismo :(


aPoLiOn (P. Casado) said...

Gracias, Josep!

Como autor del comentario original te felicito, ha sido un trabajo muy bueno, largo y duro. Además, veo qe has corregido algunos errores que había en el original.

Felicidades, buen trabajo


Josep Ruano said...

Apolion,

muchas gracias. La materia prima era muy buena, así que no podía quedar mal. ;)

Felicidades a ti por tu trabajo.